Una de murallas

Más que muralla, es cerca. No hay cubos, ni almenas, ni matacanes, ni nada de lo que el imaginario popular y las reconstrucciones más o menos fantasiosas nos han transmitido a lo largo de los tiempos. Tampoco hay piedras de gran tamaño, sino mampuestos medio careados (quizás podríamos llegar al nivel de sillarejos) en dos hojas externas, y un núcleo de tierra. Es la muralla (llamémosla así) de Palenzuela, de la que se conservan algunos trozos; solos o como tapias; de corrales o del cementerio.

Murallas como estas debió de haber bastantes en pueblos y ciudades; muchas no pasaron de ser muros de tapia de un par de metros de grosor y tres o cuatro de altura; algunas tuvieron puertas fuertes. Por unas u otras razones, la mayoría acabó desapareciendo; pero, donde se conservaron, han alcanzado el estatus de monumento; monumento para una ley teórica y para un visitante ocasional, claro: las murallas pasan totalmente desapercibidas entre los oriundos del lugar, sea cual sea. No son más que elementos que, cuando tienen una función práctica (servir de cierre a alguna finca, de apoyo a otra construcción) pueden disfrutar de más posibilidades de supervivencia. Cuando no sirven para nada, se abandonan a su suerte; y eso en el mejor de los casos: lo frecuente es que hagan de cantera pública o, si no hay piedra que extraer, se acaben derribando. Y si el azar (o alguna insólita voluntad humana) ha preservado la muralla hasta el momento actual, con una sensibilización sobre los asuntos del patrimonio histórico algo más asentada, pueden suceder dos cosas: que no se tire, pero continúe abandonada y se acabe cayendo sola, o que se intente restaurar (o reconstruir).

Imagen de la muralla de PalenzuelaSi no se ha hecho nada por remediarlo, a una muralla de piedra le entrará agua por arriba que lavará el núcleo y lo deshará, y las hojas exteriores se agrietarán y empezarán a caerse. La lluvia y el viento también trabajarán lo suyo directamente sobre los paramentos. Y alguien habrá que vea útil llevarse piedras a casa. Y tarde o temprano nos encontraremos con una delicada situación de desequilibrio; la base de los muros pierde material, y la estabilidad de las hojas exteriores y del conjunto en general se ve comprometida.

Cuando el núcleo de tierra queda a la vista, puede ocurrir lo que se ve en la foto: que se disgregue, posiblemente porque apenas se mezcló con cal cuando se hizo la construcción. En la muralla de Palenzuela, esa parte interior tiene un tacto muy parecido al de la arena que se coloca en montones junto a una obra; no parece existir ningún componente aglutinante, y soplando, o con los dedos, se cae. No obstante, también hay zonas de los lienzos que presentan, al menos en apariencia, una solidez que no hace augurar nada malo a corto plazo, con trozos de piedra bien sujetos. Todo ello puede significar, siguiendo un razonamiento lógico, que no existe homogeneidad en la calidad del interior de los muros; realizar una fábrica de esa envergadura es una tarea larga en el tiempo, y seguramente fue objeto de modificaciones, reparaciones o reconstrucciones ya de antiguo; el resultado de todo ello es la irregularidad. A la masa que rellena el interior de las hojas se añadieron guijarros de diferentes tamaños que, si no hay suficiente cohesión, no aportan nada al equilibrio del conjunto.

Imagen de la muralla de Palenzuela¿Se puede restaurar una muralla en ese estado? Más que responder sí o no, hay que atender a una infinidad de consideraciones. En primer lugar, cualquier arquitecto medianamente formado intentará repasar, siquiera brevemente, las cartas del restauro más recientes y todos esos documentos que vienen de los grandes sabios del mundo y que, aunque sirven de poco, pueden ayudar a decidir una línea general ideológica. La disyuntiva más importante estará entre la simple consolidación y la reconstrucción (más o menos mimética). Sin un núcleo sólido, consolidar obligará a limpiar bien lo que ya está desmenuzado y poner parches muy amplios que eviten futuras disgregaciones, cuyo efecto estético es difícil de prever. Si estos parches queremos taparlos, no se me ocurre otra forma que hacerlo con piedra, y ya estamos hablando de reconstrucción. Pero, aunque podemos obtener datos suficientes sobre tamaño, forma de colocación y acabado de las piezas en los lienzos, quedan muy pocas procedentes de los desplomes, y es imposible encontrar su ubicación original en la vertical. Económicamente hablando, hacer las cosas bien costará mucho, no tanto por el aporte de piedra nueva, sino por su tratamiento: habría que fijar un intervalo de escalas de los mampuestos, acondicionar al menos una de las caras, y estar atento a la posición y a las separaciones, para que el resultado final, por una parte, no se parezca en nada a la obra de urgencia que se hizo hace nosecuánto tiempo (yo siempre lo he conocido así) y, por otra parte, se diferencie sutilmente de las partes originales. Otro asunto es la pérdida de ese aire de ruina (ligeramente) romántica que en estos momentos tiene (en parte) el conjunto, y que se perdería tras una intervención, incluso aunque fuera mejor que la de la foto.

Imagen de la muralla de PalenzuelaPor el momento, mi labor se limitará a informar. La preocupación en el lugar es, sobre todo, el riesgo de derrumbe, que puede afectar (según los tramos) a la carretera por la que se entra en el pueblo si es hacia fuera, o al cementerio si es hacia dentro. Como en casi todas estas cosas, voy también a tientas, porque nunca he hecho nada parecido. Se ha planteado la posibilidad de pedir dinero a Cultura. No tengo ni idea de la millonada que puede costar una verdadera obra de restauración, pero seguro que cuatro duros para poner dos piedras no son el remedio. Y casi preferiría no tocar nada.

Esta entrada fue publicada en Palenzuela, práctica, teoría, trabajo. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>